Rodrigo Cortés: “Hay halagos que van directos al hígado”

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Si Rodrigo Cortés (Orense, 1973) no existiera, habría que crearlo. Pero, como no se da ese problema, tiene la capacidad de escribir obras que, sea en la gran pantalla o en la novela (pasando por Twitter y por los diferentes podcast en los que colabora), están bañadas en una nueva forma de mirar la realidad y entenderla. En ese plano se mueve Los años extraordinarios, su última novela. En ella, el lector podrá acompañar a Jaime Fanjul, el particular protagonista de la obra, en el recorrido que realiza de este nuevo mundo en el que Salamanca tiene mar, los coches se mueven a través del pensamiento (con todo lo problemático que ello supone) y en el que podrá recorrer un siglo XX en el que “nada de lo que en el libro aparezca no sea inventado y, por tanto, cierto”.

P. ¿Por qué hay que leer Los años extraordinarios?

R. No es preceptivo; pagar por él podría ser suficiente (o al menos un gran primer paso).

P. ¿Cómo es el proceso creativo de Rodrigo Cortés?

R. Mucha pregunta es esa, depende por entero del proyecto. No hago las cosas, creo, de un modo, y mucho menos de uno solo. Procuro imaginar —supongo— algo que merezca la pena que exista.

P. En el libro hablas de una España ficticia. Sin embargo, la realidad y la ficción están separadas, en muchos casos, por una línea muy fina. ¿Qué aspectos de la España actual has recogido en tu libro?

R. Los años extraordinarios habla de España como habla de São Vento, Londres, el norte de Inglaterra o París (dos veces). Habla del Sáhara, de Bélgica, de Nueva York, de Tailandia, de la India. Habla de Egipto, del norte de África al completo, de Italia, del Mont Blanc. Habla de ciudades que no existen en países que no existen. Y acaba el día exacto en que nací, o unos minutos antes, para asegurarme de que nada de lo que en el libro aparezca no sea inventado y, por tanto, cierto.

P. ¿La España actual es una comedia o un drama?

R. Exacto.

P. Hay quien necesita escribir con una voz que no es la suya, sino una impostación que parece ser condición esencial del escritor. ¿Te ocurre a la hora de crear?

R. Todo en mí es impostación, y más mi obra. Mi oficio, con la cámara o la pluma, es el del engaño pactado.

P. ¿En el absurdo puede estar la forma óptima de mirar la realidad en momentos como el actual?

R. Exagerar la realidad permite verla. O, como se dice en un pasaje del libro: «No hay como desenfocar el mundo para acceder a uno nuevo».

P. Te ganas la vida de las formas más aterradoras para muchos padres: a través del arte, la literatura, el cine o el columnismo. ¿Cómo convencer a alguien de la importancia del arte en el avance del mundo?

R. El poder imbatible del arte es que no sirve para nada. La novena sinfonía de Beethoven no sirve para nada, por eso transforma el mundo con su sola existencia.

P. «Genio creativo», «una de las plumas más afiladas, ingeniosas y ácidas de los últimos años», «como escritor, solo puedo sentir envidia», «una novela redonda» y un largo etcétera de elogios que has ido atesorando. ¿Cómo lleva Rodrigo Cortés la fama y el halago?

R. Con moderación y cautela. Hay halagos que van directos al hígado.

P. ¿Es más sencillo emocionar o divertir?

R. No tengo ni la más remota idea.

P. ¿Con qué mirada el mundo merece la pena?

R. Con la propia, si de verdad es propia.

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