El Niño de Elche: “Yo me considero ex flamenco”

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ROCÍO CORREA Y PILAR MARTÍNEZ

09.30 a.m. Al otro lado de la pantalla, descuelga la llamada Francisco Contreras, más conocido como El Niño de Elche. “Buenos días”, saluda la voz grave que entona ese rotundo “Tú me dejaste de querer cuando menos lo esperaba” en la canción de C. Tangana. Y así comenzó una hora y media de charla y reflexión sobre el arte y el flamenco con lo que ronda en la cabeza de este artista. Francisco Contreras es una mente llena de ideas con las que experimenta para hacer del arte algo suyo. Suyo y con sentido. Capaz de estar entre los éxitos más escuchados de España y tener una exposición de arte sonoro en el Museo Reina Sofía.

¿Quién es El Niño de Elche?

Pues a mí también me gustaría saber quién es El Niño de Elche. Estoy en ese proceso aún, pero bueno, algo sí podemos saber. Es un chaval que nació en Elche, de familia granadina, que a los ocho años empezó a tocar la guitarra y a cantar flamenco; y que a los 15 o 16 empezó a interesarse por otras disciplinas artísticas.

La relación contigo mismo todavía la estás desarrollando, ¿te pasa lo mismo con la música o ya os conocéis?

Mi relación con la música es vital, eso sí lo tengo claro. Después de esto de la pandemia lo he comprobado al 100%. Si no me dedicara a la música, seguramente esta persona que está hablando con vosotras sería nula. Tendría que volver a nacer.

Foto: The Furious Session

¿Y qué tiene El Niño de Elche que le diferencia de los otros cantantes u otros artistas?

Eso tal vez lo tendría que decir la gente que me escucha. Yo creo que tengo, lógicamente como todas las personas podemos tener, cosas diferentes, pero tengo muchas menos de lo que puede parecer. Al fin y al cabo, siempre reivindico que tenemos en nuestra mano actitudes en las que hay que profundizar un poco más, como la escucha, por ejemplo, la experimentación, superar los miedos… Esto según en qué disciplinas, no se ve tanto.

¿Has conseguido tu formación artística de manera autodidacta?

Bueno, yo más que en mi formación sigo en mi deformación. Sobre todo, lo he hecho con inquietud y rodeándome de mucha gente mucho más inteligente que yo. Y esa es la gente de la que me sigo alimentando.

En cuanto a la experimentación y la innovación, ¿crees que a veces arriesgar en la forma implica perder el fondo?

¿Crees que hay límites en tu experimentación?

Los límites con los que yo trabajo pertenecen más a los estados de conciencia, a las formas, los formatos. Por ejemplo, un disco tiene un límite y eso te condiciona la obra. La representación del espectáculo, donde se produce, ahí están los límites. Sin embargo, los límites discursivos o estéticos no pasan por mi cabeza.

Mi relación con la música es vital

¿No hay nada que no se pueda combinar con el flamenco?

Sí, yo hago mucho experimento día tras día. Muchas veces yo no parto del flamenco, parto de otras disciplinas que entiendo que por ahí puedo entrar mejor a estructurar el discurso.

¿Cómo llegas a conocer que la combinación de los sonidos queda bien? ¿Experimentas en tu casa?

¿Cómo te inspiras a la hora de hacer tus canciones?

Sobre todo, reflexiono lo que quiero contar. A partir de ahí, voy armando. Desde un equipo de trabajo por un lado, hasta los diferentes procesos creativos que me van llevando por una serie de derroteros y yo intuyo que pueden ser los adecuados para poner ese discurso en pie. Me centro primero en qué quiero contar y después viene cómo lo quiero contar y a quién.

Escuchando tu obra, parece imposible imaginarse esos procesos creativos. ¿Cómo haces que lo abstracto se haga algo concreto?

Sí, es verdad que son procesos creativos delirantes. Explicarlos es cada vez más difícil. A veces, empiezo en una cosa muy concreta y termino en lo abstracto. Últimamente me pasa más eso, por eso a veces los discos son un poco más extraños, por así decirlo. No soy un gran conocedor del mundo de la canción como tal, pero es que los procesos creativos, no es por ponernos místicos, pero llega un momento en el que no sabes por qué, entiendes que ha llegado la armonía. Es cuando todo encaja y hay una especie de revelación. Es lo que te mantiene vivo y te va llevando por caminos que por mucho que los programes, después de mucho trabajo, llega ese momento y para mí vivirlo es apasionante, es un éxtasis.

Foto: El País.

¿Cuál consideras el objetivo de tus canciones?

Esto conecta un poco con lo anterior. Es contar un mensaje, un discurso o unos sentimientos y después repensar a quién se lo quieres contar. Cuando hablamos del público en el arte, es un público muy amplio y cada vez nos dirigimos a públicos más indefinidos. Para mí, ese es el objetivo, seguir comunicando. La palabra conversación, etimológicamente hablando, va de darle vueltas a las cosas. Por eso, el arte es una especie de conversación contigo mismo y con las personas que te rodean y con aquellas otras que no te rodean pero que en cierta forma están cercanas a ti.

El flamenco tiene tantas connotaciones y es tan paradójico que ya la palabra tradición, dentro de su marco, puede ser un gran trauma

¿Está desapareciendo la música para hacer crítica?

Para Wikipedia haces rap y activismo social…pero tú, ¿cuál consideras que es tu género musical?

El género musical que más he realizado y que más realizo es el flamenco. Yo vengo del flamenco, pero yo me considero ex flamenco. Pasé ese trauma, o eso creo, y estoy en un territorio donde las cosas que hago tienen connotaciones del flamenco, del rock, de la psicodelia, del raw rock, de la música electrónica, la contemporánea. Bueno, es una especie de mezcla muy indisciplinar que según lo que quiera contar suena más de una manera u otra. Por ahí me muevo.

¿Por qué te has referido a tu pasado flamenco como trauma?

Porque el flamenco como casi todas las músicas tradicionales modernas, por decirlo así, suelen ser un gran trauma para sus artistas y sus aficionados. El flamenco tiene tantas connotaciones y es tan paradójico que ya la palabra tradición, dentro de su marco, puede ser un gran trauma. Todas las formas de representación y de formalización de esa disciplina artística tiene unas connotaciones que a veces se convierten en violentas. Entonces, como no lo canalices bien es una bomba. Por eso también es tan rico artísticamente hablando, porque es tan delirante, tan paradójico que es capaz de lo mejor y de lo peor, como España o Estados Unidos.

Yo vengo del flamenco, pero yo me considero exflamenco

Entonces, ¿qué es para ti el flamenco?

El flamenco para mí es un campo semántico del cual yo me aprovecho y voy formando artefactos artísticos. No es una forma de vida para mí, ni creo que las disciplinas artísticas sean formas de vida y si lo son, hay que revisar ese trauma como decíamos anteriormente. Aunque sí es verdad que condiciona a veces tu forma de vivir. A mí lo que más me interesa del flamenco no es tanto qué es, sino cómo funciona. No vamos a saber nunca qué es, porque hay muchas lagunas y construcciones románticas y nostálgicas al respecto, pero sí podemos hablar de cómo funciona. Por eso soy un artista experimentador, porque si te interesa cómo funcionan las cosas, te tienes que sumergir en ellas y encontrar la maquinaria.

Sin embargo, esto de no poder decir qué es el flamenco choca con la postura de los ortodoxos ¿no? Tú dices que la ortodoxia es una ficción ¿Cómo puede ser eso?

¿Es difícil abrirte camino por la ortodoxia de los puristas?

Es que yo dejé hace ya tiempo el territorio del flamenco como industria. El flamenco lo utilizo como música, inspiración, como parte de mí. Yo no tengo que bregar con los ortodoxos o con los que preparan festivales de flamenco, ni con la Junta de Andalucía, ni con la gente que tiene una idea del flamenco totalmente ajena a lo que yo pueda pensar o a lo que yo pueda hacer. Hace años que desistí. Al principio, tenía aún el anhelo de convencer, casi de evangelizar a los flamencos en cierta forma, pero es muy difícil y no merece ese esfuerzo. No soy tan socialdemócrata ni tan buenista como para sacrificarme por ellos en pro de la comunión flamenca.

Aliento a que sigamos haciendo otras cosas, pero con base argumental muy formada

¿Qué futuro le ves al flamenco?

La verdad es que no lo sé. Hay muchas fusiones o experimentos que se hacen que son muy pasajeras, que se nota que pertenecen a una tendencia de un momento muy concreto. Desde que empecé a ser muy conocido, me ha pasado como al flamenco clásico, que siempre dicen que va a desaparecer, porque pensaban que era una cosa de modernos. Sobre todo aliento a que sigamos haciendo otras cosas, pero con base argumental muy formada. Yo no soy mucho de hablar del futuro porque me da miedo por esta cosa de la muerte, pero el futuro del flamenco si lo dejan en mis manos va a ir fatal seguramente. Sería lo peor que le puede pasar al flamenco, porque el flamenco necesita de sus ortodoxos, de sus andalucistas, de sus españolistas. Necesita de estos seres que construyen esa ficción que a mí me sirve. Pero bueno, siempre estará la amenaza de que va a desaparecer, los que hoy en día son cantores clásicos fueron tildados como herejes. Desde Franconetti a otros cantaores como Pepe Marchena o Antonio Mairena, Morente, Camarón. El estado de ser del flamenco es este conflicto constante. Mientras haya conflicto, el flamenco continuará vivo y desarrollándose.

‘Auto Sacramental Invisible’, la exposición de El Niño de Elche en el Museo Reina Sofía estará hasta el 26 de abril. Foto: Arquitectura viva.

En tu disco ‘Colombiana’, tienes canciones con ritmo latino y llegas a colaborar con una escritora vasca, Maialen Lujanbio. ¿Cómo llegas a las colaboraciones que haces?

Más bien, cómo llegan ellas a mí. Al fin y al cabo vas montando esos discursos de los que hablamos antes y en un momento dado te viene a la mente alguien que puede resaltar ese discurso. No soy muy amigo de las colaboraciones de “vente y cántate algo”, sobre todo en mis discos. Yo sí que lo hago en otros discos con otros compañeros, pero mis discos como son muy conceptuales, toda persona que aparezca tiene que tener un sentido, un porqué. Por eso desde ahí mucha gente dice que el concepto es una cárcel, para mí es lo contrario, a mí me ayuda a saber qué quiero contar, después ya me lo saltaré.

Estuviste en el centro de residencias artísticas de Madrid, de El Matadero, ¿cómo fue la experiencia?

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