El mundo se ha movido

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El coronavirus ha cambiado la forma en la que los estados se relacionan y ha movido las posiciones que cada uno ocupaba en la escala internacional

El mundo se ha movido. Esa frase mueve el argumento principal de la novela de Stephen King, La Torre Oscura, en la que el autor crea un mundo fantástico deteriorado por los hombres, las guerras y el mal uso de la tecnología. El mundo se ha movido hace referencia al cambio que la tierra vive a lo largo de la novela, las diferencias entre la perspectiva inicial que Roland, el protagonista, tiene sobre el mundo y la que tiene según avanza en su viaje.

El coronavirus ha movido el mundo. Un organismo diminuto, invisible y de origen, por el momento, desconocido, ha puesto en jaque los sistemas de salud de todo el mundo, ha moldeado un cambio en la vida de las personas hasta pasar a añadir a su lenguaje y forma de vida diaria expresiones y elementos como las mascarillas, el gel, los respiradores, la ucis, el EPI o la incidencia acumulada. Resumidamente, el coronavirus ha cambiado el mundo.

Un paso al lado de Estados Unidos

Cuando Donald Trump decide abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS) en mayo de 2020, lo hace bajo el pretexto del poder que China tiene dentro del grupo. Estados Unidos era, en ese momento, el mayor contribuyente a la OMS y su marcha dejaba a China como principal fuerza —por lo que la marcha de Trump provocaba lo que deseaba evitar—. Aunque esta salida nunca llegó a oficializarse —la tramitación es larga y compleja y habría tenido que esperar hasta julio de 2021—, el acto sentó un precedente: Estados Unidos, la mayor potencia mundial, daba la espalda a los demás estados del mundo en la mayor crisis global desde hacía años. 

“China ha ganado, deliberadamente o no, pero ha ganado. No han cambiado aún las hegemonías porque muchos estados están en un combate permanente por ocupar la posición”

Juan Francisco Carmona Choussat, profesor de Relaciones Internacionales

Por su parte, Europa, otro gran ente en las relaciones entre naciones, no podía servir de apoyo y, más bien, necesitaba con urgencia de él. Las naciones europeas vivieron en los meses de marzo, abril y mayo la dureza del virus, al que no supieron controlar y que obligó a tomar medidas intermitentes pero duras en los territorios —sucesiones entre confinamientos y aperturas, restricciones a la movilidad, semicierres en las fronteras, etc.—. 

China envió a Europa equipos médicos para ayudar a luchar contra el coronavirus. Foto: Agencia EFE.

Este espacio dejaba barra libre a dos nuevas potencias dispuestas a ocupar el puesto: China y Rusia. El país presidido por Xi-Jinping es uno de los principales candidato a suceder a los Estados Unidos en la cabeza de la hegemonía global. Poco a poco, el país abandona la interdependencia de otros actores y toma políticas orientadas a convertirse en un órgano más independiente del resto, como el plan Made in China 2025, que haría que el país dejara de producir los productos baratos y de baja calidad que exporta al mundo para producir elementos de mayor calidad y necesidad, como maquinaria orientada al sector aeroespacial, la Nueva Ruta de la Seda o el AIIB, banco de inversión. Rusia, por su parte, tiene el control de recursos naturales que exporta al resto del mundo —con Europa como gran dependiente— en forma de energía. Un ejemplo de ello es la dependencia que Alemania tiene con el país a la hora de necesitar energía nuclear, ya que ellos no la producen. 

Sin embargo, el coronavirus cambió la estrategia y el mundo a seguir para ocupar la hegemonía. El escritor y profesor de Geopolítica en la Universidad Francisco de Vitoria, Juan Francisco Carmona Choussat, compara la lucha por la posición con un “pelotón de ciclistas en el que muchos estados combaten permanentemente mientras todos seguimos con nuestros asuntos diarios”. 

Las bazas que Rusia y China tienen para ganar puestos son variadas. Si se retrocede al mes de marzo, son varias las noticias que señalan la ayuda directa que China prestaba a las demás naciones en cuanto a material sanitario o equipos médicos. Mientras que el 12 de ese mes, nueve médicos chinos aterrizaron en Italia para combatir el virus, el día 13 llegaban a España los primeros suministros médicos para la lucha contra la pandemia. Al mismo tiempo, el día 26 Donald Trump acusaba a Europa de “aprovecharse de Estados Unidos durante la pandemia”. El principal socio se hacía a un lado; otros nuevos ocupaban la posición.

El profesor Carmona Choussat insiste en que el auge de estos dos países no puede considerarse, aún, una toma de la hegemonía mundial: “China ha ganado, deliberadamente o no, pero ha ganado. No han cambiado aún las hegemonías porque muchos estados están en un combate permanente por ocupar la posición, como si fuera el último sprint de un pelotón ciclista. Eso sí, esto ha causado un cambio en la situación política de occidente”.  

Quien tiene vacunas mueve el mundo

El papel de las vacunas en este cambio global es esencial. Actualmente —21 de febrero de 2021—, existen 5 opciones principales a la hora de escoger vacunas: Pfizer y Moderna (Estados Unidos), AstraZeneca (Reino Unido), Sputnik V (Rusia) y Sinovac (China). Solo 4 países han desarrollado, por el momento, la solución más eficiente para controlar el virus. Ninguno de ellos pertenece a la Unión Europea. Solo dos son democracias plenas. El papel que tienen ahora estos estados los coloca en un estatus diferente, pues si uno es capaz de producir y distribuir el fármaco, puede imponer sus condiciones. Sobre el papel de la Unión Europea, el profesor Carmona Choussat defiende que es la excesiva burocracia lo que ha provocado los equipos errores en este aspecto: “Europa no tiene los mismos medios que Estados Unidos ni es tan eficaz. Hemos quedado los últimos del mundo occidental. En las vacunas, hemos comprado más barato y con peor eficacia. Quienes han inventado sus vacunas van primeros, no dependen de los demás y pueden hasta vender al vecino”. 

Sergey Lavrov y su homólogo europeo, Josep Borrell, en la reunión que mantuvieron en Moscú. Foto: Ministerio de Exteriores de Rusia.

Los principales medios que cubrieron la visita del Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, recogieron la derrota diplomática que vivió el español ante su homólogo ruso, Sergey Lavrov, quien supo sacar de circulación al diplomático al reprocharle la situación política en España en respuesta a las acusaciones por la detención de Navalny. Sin embargo, pocos prestaron atención a una frase del Alto Comisionado con respecto al medicamento ruso: “La vacuna rusa es una buena noticia para la humanidad”. La escasez de vacunas en la UE obligaba a la Unión a buscar en mercados exteriores, incluso en los mercados con los que, políticamente, la afinidad no es un hecho real.

A la espera de la aprobación de nuevas dosis, de cambios de paradigmas internacionales y de nuevos tratamientos, el coronavirus sigue modelando el mundo de forma diferente. En breves se cumplirá un año del confinamiento total de marzo y el mundo se ha movido desde entonces.

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