Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite: “No queremos ser víctimas de la paz”

Consuelo Ordóñez (28 de diciembre de 1959) se caracteriza por ser una de esas mujeres a las que le puedes ver el valor a través de los ojos. Unos ojos que hace unos años fueron capaces de enfrentarse al asesino de su hermano y exigirle una explicación; que viven entregados por la causa de defender los derechos de aquellos que ya no están. Abogada de profesión, Consuelo tenía 35 años cuando ETA le arrebató a su hermano, Gregorio Ordóñez, diputado del Parlamento Vasco por el Partido Popular y teniente alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián, el 23 de enero de 1995. Desde ese momento, la cabellera rubia que tanto identifica a Ordóñez se ha convertido en un símbolo del activismo antiterrorista en España. 

Hoy en día, ejerce como presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), una asociación fundada en 1998 por Teresa Díaz Bada, Cristina Cuesta y la propia Consuelo Ordóñez, para acoger a “víctimas de todos los terrorismos” acontecidos en el País Vasco. 

“Teníamos todos una necesidad. Covite nació en un contexto de tregua en el que entre los políticos y los personajes públicos se empezaba a oír con muchísima frecuencia que como ETA había declarado el alto, ya era hora de pasar página. Decían que las víctimas teníamos que ser generosas, que teníamos que perdonar. Todo ello en un momento en el que nadie dentro de esta sociedad se había acercado a las víctimas, nadie conocía por lo que habíamos pasado y aún así se nos exigía generosidad”, asegura Ordóñez. Finalmente, el alto resultó ser una “tregua trampa”, pues ETA volvió a matar a los pocos meses de declararse.  “Ahí es cuando vimos la necesidad de tener voz propia, no queríamos ser víctimas de la paz”, continúa Ordóñez, a lo que añade que se trató de un hecho histórico porque hasta ese momento nunca se habían juntado las víctimas y que, sin duda, llegaría a marcar un antes y un después. 

Covite es una asociación que acoge a “víctimas de cualquier terrorismo”. Imagen: Covite.

Casi diez años después de que ETA declarara el cese definitivo, la presidenta de Covite considera que las consecuencias del terror que la banda impuso sobre el País Vasco se siguen sufriendo. “Nosotros siempre hemos dicho que, aunque ETA no nos mate, el odio sigue intacto”, afirma. Asimismo, Ordóñez reivindica que, después de 50 años de terror sistemático y selectivo, las instituciones no se han preocupado por imponer políticas contra ese odio. “La marca que representa un terrorismo es el modo en el que actúa. El terrorismo de ETA es selectivo, va a buscar a las víctimas por lo que hacen, por su profesión –policías, militares–, porque han dado el salto a lo público –políticos, empresarios– o, simplemente, porque han contado algo que no debían contar. ETA iba a por quien de alguna forma hubiera manifestado su forma de pensar, que era contraria a la de ellos”, explica. 

Ante ello, lamenta que la peor consecuencia de todas es “la falta de libertad” para contar la realidad que se vivió durante años, tanto en el País Vasco como en Navarra. “Hoy en día los que hablan son los que han participado activamente, por acción o por omisión, los que han sido fanatizados y siguen fanatizados, porque aún piensan que estuvo muy bien matar. De ahí los homenajes que se hacen a los etarras cuando salen de la cárcel. Hoy vas por las calles de algunos pueblos del País Vasco y sigues viendo las pancartas”, señala la entrevistada. 

Las víctimas somos un estorbo, porque la mayoría de la sociedad miró para otro lado cuando ETA nos mataba

Consuelo Ordóñez

Y a pesar de esta realidad, son cada vez más las personas que desconocen las acciones de la banda terrorista y, mucho menos, de aquellos a los que arrebataron la vida. “Pueden conocer a las víctimas más relevantes, como Miguel Ángel Blanco. Nadie sabe nada sobre las víctimas del terrorismo, ni de lo que ha pasado en el País Vasco. Queda mucho por hacer en ese sentido”, añade. “Las víctimas somos un estorbo, porque la mayoría de la sociedad miró para otro lado cuando ETA nos mataba. Somos ese espejo donde ellos no se quieren mirar”, continúa Ordóñez. 

ETA dejó a su paso más de 3.600 víctimas, entre ellas 853 perdieron la vida y más de 2600 resultaron heridos. Esto sin contar las innumerables víctimas que sufrieron la pérdida de algún ser querido. Sin embargo, en la actualidad, existen casi 400 crímenes que no tienen sentencia. “Solo hay 24 asesinatos completos, con condenas de autoría intelectual, autoría material y colaboradores”, explica con gesto de indignación. No obstante, Ordóñez reconoce el papel de series como Patria, que ayudan a dar una mayor visibilidad sobre esta realidad. “Las ves y ya no te tengo que contar nada más, eso es lo que se ha vivido en el País Vasco hasta hace nada”. 

Activismo y ataques de la banda

Ante su labor como activista de la lucha antiterrorista, Consuelo señala que ella no es ninguna “heroína”. “Mi hermano sabía que le iban a matar y, como él, muchas víctimas civiles, y nadie quería ser un héroe”, asegura. Asimismo, Ordóñez declara que muchas veces pasó miedo. Recuerda su experiencia en las concentraciones que tenían lugar todas las semanas después de un atentado. 

“Nosotros estábamos un cuarto de hora en silencio, pero teníamos contramanifestación. Se ponían ellos, todos los que aplaudían a los etarras, alrededor de nosotros gritando: ¡Gora ETA! ¡ETA mátalos! ¡Independencia! Te temblaban las piernas y encima sabías que, al cuarto de hora, cuando acabara y empezáramos a aplaudir–en sus inicios, el lema de las concentraciones era “Dilo con tu silencio”pues se caracterizaban por ser una asociación pacifista–ellos empezaban a lanzarnos piedras. Eran tiempos horribles. Todas las semanas había un asesinato. Y sino, teníamos una concentración para pedir la liberación del secuestrado de turno”, añade. 

Consuelo relata cómo, debido a un golpe en una de las concentraciones en la que le abrieron la cabeza con una piedra, los medios de comunicación descubrieron que ella era la hermana de Gregorio Ordóñez. En ese momento, se dio cuenta de que “había atravesado la línea roja”. “Así empecé a denunciar cómo estábamos a la Ertzaintza, a la Consejería de Interior, etc. Hasta entonces no nos habían protegido”, asegura. 

“Se ponían todos los que aplaudían a los etarras, alrededor de nosotros gritando: ¡Gora ETA! ¡ETA mátalos!” Imagen: Instagram.

En esta línea, la presidenta de Covite explica cómo se convirtió en una figura pública. Los medios acudieron a menudo a su casa, se acostumbró a dar declaraciones y a acompañar en las manifestaciones a las familias de los fallecidos. “El problema es que luego a mí todo el mundo me reconocía, los buenos y los malos. Mi portal era el sitio donde se dedicaban a hacer pintadas, dibujaban dianas en las que escribían: Ordóñez, lo pagarás. Quieras que no, pasas miedo”, señala al recordar esa época. La entrevistada relata que la campaña de amenazas de la banda terrorista seguía siempre el mismo curso.

 “Normalmente te hacían campañas de amenaza, te ponían pancartas y te dedicaban editoriales en el Euzco Gaztedi Indarra (EGIN), su periódico. Después te atacaban con cócteles molotov”. “Una vez empapelaron todo San Sebastián con una foto mía y otra de Fernando Savater con dianas para amenazarnos. Fue cuando los dos estábamos en ¡Basta Ya! –un movimiento cívico muy potente fundado en 1999 en País Vasco que contaba con miembros como Maite Pagazaurtundúa, María San Gil o Rosa Díez–. Lo peor de todo fue que lanzaron siete cócteles molotov a mi casa. Uno de ellos me lo colaron dentro”, destaca. 

Sabía que yo allí tenía que pisar fuerte. Siempre he aparentado que no me daba miedo nadie”

Consuelo Ordóñez

Al respecto de este acto vandálico, Ordoñez señala que la información de su domicilio la facilitó su vecino de abajo, el mismo individuo que, asegura, “se dedicaba a poner simulacros de bomba en el portal”. Sin embargo, Ordóñez no se ha dejado ganar por el miedo en los más de 20 años que lleva al pie de la lucha antiterrorista. “Mi cabeza entonces funcionaba como un mecanismo de defensa, sabía que yo allí tenía que pisar fuerte. Siempre he aparentado que no me daba miedo nadie”. 

El encuentro

Tales fueron sus ganas de mirar a los ojos al miedo que, el 22 de junio de 2012 logró reunirse con uno de los asesinos confesos de su hermano, Valentín Lasarte, miembro del ‘comando Donosti’. “Yo pedí la entrevista con el asesino de mi hermano para comprobar si estaba arrepentido. No me creía el arrepentimiento de este personaje porque le seguía a los juicios y veía que, cada vez que se ponía delante de un tribunal, nunca contestaba al juez y encubría a los miembros del comando”, señala.

Por aquel entonces, el gobierno vasco organizó una serie de encuentros a través de la Vía Nanclares, un proyecto de reinserción de presos etarras que habían decidido alejarse de la banda, renunciar a ETA de manera pública, condenar la violencia y pedir perdón a las víctimas. “Estaban todo el día vendiendo en los medios de comunicación este tipo de encuentros y lo hacían como si de repente los etarras se arrepintieran y fueran todos buenos. Yo no me creía nada de eso”, añade al respecto. 

Precisamente, fue esa incredulidad la que llevó a Ordóñez a reunirse con Valentín Lasarte en una cárcel de Zaballa. “Yo estaba muy preparada, iba con 40 preguntas. Pensaba que si de verdad estaba arrepentido tenía que contarme todo lo que sabía de aquellos que habían matado. Habíamos documentado cuáles eran todos los crímenes que estaban sin resolver en el momento en el que él salía a matar –entre 1994 y 1996– por los lugares donde él salía a matar”. 

Lasarte fue detenido en 1996 y condenado a 216 años de cárcel por la autoría de seis asesinatos. La presidenta de Covite destaca que, además, había muchas cosas que quería saber acerca del asesinato de su hermano. 

“La verdad es que causó muchísima expectación ese encuentro”, subraya. “Yo iba por mi cuenta, me salí de esos montajes que preparaba el gobierno vasco”. El encuentro se organizó en una sala de la cárcel de Zaballa, en la que se encontraban el director del centro, que presenció el encuentro; y Valentín Lasarte. Ordoñez se sentó frente a él.

Le dije que el que le tenía que perdonar estaba muerto y yo estaba viva y que yo no iba a perdonar por el muerto, por mi hermano

Consuelo Ordóñez

“Lo primero que le dije fue: ‘Creo que me tienes que decir algo, eres tú el que tiene que empezar la conversación’, porque se supone que era un encuentro para que él me pidiera perdón. Me dijo: ‘me gustaría pediros perdón a toda la familia, aunque yo ya sé que lo que he hecho no tiene remedio’. Por eso mismo que acababa de decir, por el hecho de que era algo irreversible, yo no le podía perdonar. Le dije que el que le tenía que perdonar estaba muerto y yo estaba viva y que yo no iba a perdonar por el muerto, por mi hermano”, prosigue la presidenta de Covite.

“Le comenté que yo no había ido a que me pidiera perdón, sino a preguntarle muchas cosas que no sabía. Le pedí la fecha exacta en la que había entrado en ETA para, a raíz de eso, recoger todas las víctimas que estaban dentro de ese periodo. Él no sabía nunca nada acerca de nada”, relata Ordóñez sobre el encuentro. Sin embargo, destaca que, si el terrorista hubiera contestado a alguna de sus preguntas acerca de los crímenes que cometió, “lo más seguro es que le hubiera creído”.

EH Bildu

Pese a que la banda terrorista declaró su disolución definitiva en 2018, Ordóñez considera que el proyecto político de ETA sigue hoy más presente que nunca en las instituciones. “Bildu será ETA mientras no condene la historia criminal de la banda. Muchos de los que están ahora en ese partido eran los ideólogos que diseñaban las estrategias de terror de la banda. Los que dieron la orden de asesinar a mi hermano no fueron los que estaban en el comando, fue aquel que estaba en el despacho contiguo –HB– al de Gregorio en el Ayuntamiento. Ellos han sido siempre las cabezas de ETA. Por eso se les ilegalizó”, prosigue la presidenta de Covite. 

Asimismo, Ordóñez considera que hasta que EH Bildu no condene la violencia de ETA, cualquier acuerdo o pacto político realizado con la formación nacionalista será “inmoral e indecente”. “Son legales, sí, pero es inmoral aceptar los votos manchados de sangre, una sangre a la que todavía no han renunciado”, asegura Ordoñez, quien subraya que “ni siquiera han dicho que matar estuviera mal”.

En este sentido, la presidenta de Covite califica de “humillante para las víctimas” el acercamiento de EH Bildu al Gobierno. Sin embargo, considera que lo más doloroso para el colectivo fue la operación de “blanqueo” que se llevó a cabo sobre la banda cuando se pactó el cese. “Me duele mucho el cinismo de los líderes del Partido Popular (PP). Ellos los legalizaron y cumplieron todas las exigencias de ETA para que dejara de matar. Zapatero negoció, pero Rajoy cumplió las exigencias. Ese final de la banda terrorista pactado sí que fue doloroso”. 

Por último, Ordóñez sostiene que el final negociado de ETA convirtió a las víctimas en los principales perjudicados. “¿Quién ha visto en este país la operación de disolución de ETA?”, añade la entrevistada. En el periodo que fue de 2011 a 2018 –fecha en la que presuntamente tuvo lugar dicha operación– no se llevó a cabo ninguna detención a miembros de la banda, independientemente de que estuvieran implicados en atentados con resultado de muerte o heridos. Asimismo, muchos de aquellos etarras que huyeron de la Justicia antes de que ETA decretara el cese definitivo (2011), aún no han sido detenidos. “Pagamos un precio muy alto por ello, la impunidad. Se nos ha negado la justicia por nuestros familiares”. 

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