La Compañía Nacional de Teatro estrena ‘El Enfermo Imaginario’

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Foto principal: Sergio Parra

La Compañía Nacional de Teatro Clásico estrenó la representación de la conocida comedia de Molière, El Enfermo Imaginario, el pasado 18 de noviembre. La obra, dirigida por Josep María Flotats, esperaba haber abierto  las puertas del Teatro de la Comedia, en el madrileño Barrio de Las Letras en abril, pero el confinamiento llegó y se llevó a la cultura consigo.

El reparto, formado por Anabel Alonso, Josep María Flotats, Eleazar Ortiz, Lola Baldrich, Belén Landaluce, Alejandro Sigüenza, Bruno Ciorda, Arturo Martínez Vázquez, Rubén de Eguía, Francisco Dávila y Joaquín Notario, pudo por fin volver a meterse en la piel de sus personajes.

El teatro abrió las puertas con sus paredes decoradas al estilo pandemia, de las columnas colgaban dispensadores de geles hidroalcohólicos y todos los asistentes llevaban mascarilla. Antes de que comenzara la obra, dos miembros del equipo técnico informaron al público de que los actores no llevarían mascarilla porque ellos mismos se habían pagado las pruebas para poder cumplir con las medidas de seguridad.  

En el siglo XVII, una época en la que las grandes cabezas pensantes empezaban a confiar casi todas sus certezas en la ciencia, Molière decidió aprovechar la ocasión para escribir una sátira que pasó a la historia. La obra trata de un enfermo que en realidad no padece más que hipocondría. Sus inexistentes dolencias le hacen confiar en los médicos a niveles tan extremos que llegan a afectar al resto de los personajes. Sobre todo, al personaje de Angélica, la hija en edad casadera, interpretado por Belén Landaluce. En Abisal, hemos tenido la oportunidad de entrevistarla y hablar sobre la obra y lo que ha supuesto el coronavirus para todo el equipo.

De izquierda a derecha, Josep María Flotats en el papel de Argán y Belén Landaluce en el papel de Angélica. Foto de Sergio Parra

¿Cómo os ha afectado el parón del confinamiento a los ensayos?

La obra estaba ya básicamente hecha. Estaba todo montado. Estábamos ya a dos días de entrar en el teatro. Entonces, fue un poco shock para todos, porque fue muy repentino. De pronto, de un día para otro, nos dijeron que íbamos a retomar los ensayos una semana después, pero es que esa semana nunca llegó. Al final fueron, como el resto del mundo, una semana tras otra tras otra… No nos ha afectado tanto a nivel interpretativo, porque esos seis o siete meses de parón, el director nos dijo que no dejáramos de ensayar, aunque fuera solo repasar el texto para no perder lo que teníamos y contar con todo ese trabajo cuando volviésemos a los ensayos. Sí que costó un poco arrancar, pero como son todos tan buenos profesionales, fue muy fácil.

¿Qué método habéis llevado en los ensayos para aseguraros de que cumplís con todas las medidas de seguridad?

Tanto el teatro como el cine se consideran espacios peligrosos para el Covid, se piensa que ahí te puedes contagiar muchísimo, y es que en el cine no ha habido casos, en el teatro no ha habido casos…Es porque se están tomando todas las medidas de seguridad. Nosotros, en los ensayos, íbamos con mascarilla desde el día uno. Era la quirúrgica, además, entonces, nos avisaban a las 3 o 4 horas para que nos la cambiáramos. Había gel hidroalcohólico por todas partes, todo el equipo técnico cada dos por tres limpiaba todos los objetos que tocábamos. Respetábamos, dentro de lo posible, la distancia de seguridad entre actores. Ventilaban la sala de ensayos cada dos horas. La verdad es que fueron medidas muy rigurosas.

¿Y no era raro actuar con mascarilla?

Claro, imagínate. Actuar y que solamente se te vean los ojos. Pierdes muchísima expresión. Esto ha sido bastante frustrante, sobre todo, para el director. Él decía “es que os tengo que ver la cara, yo no puedo dirigir si no os veo la cara”. Hasta el propio ensayo general, el día antes del estreno, fue la primera vez que nos quitamos la mascarilla. Claro, fue un shock para todos. De pronto, nos veíamos las caras. Hay muecas de personajes que ni te imaginabas. Fue muy sorprendente y muy bonito. Como que lo acabamos de entender todo. A mí, personalmente la mascarilla me ayudó, porque al solo poder transmitir con los ojos y con la voz tuve que hacer muy buen trabajo de palabra y de proyección y de poder expresar todas las palabras y las intenciones casi el doble, porque me faltaba la mitad de la expresión y eso me forzó a hacer un trabajo mayor de voz. Hay que sacarle el lado bueno como sea.

El reparto completo de El Enfermo Imaginario. Foto de Sergio Parra

¿Y que el público lleve mascarilla os afecta? ¿Se interpone en la relación actor – público?

Es raro. Ves a cientos de personas que te están mirando con mascarilla. Impresiona. Pero en el fondo, tú estás atento a la escena, a lo que tienes que decir, a lo que tienes que escuchar. Entonces, al público en ese sentido, lo sientes, no es tanto verles. Les ves ya en los aplausos o un poco de reojo cuando haces una escena cara al público. Lo que se hace raro es que, sobre todo siendo una comedia, con la mascarilla se tapan un poco las risas. Pero bueno, es más que nada una sensación muy bonita con el público y eso, con mascarilla, no se pierde. No afecta tanto.  

¿Qué tal ha sido vuestra acogida?

Súper bien. La gente está saliendo súper contenta de la obra. Está teniendo muy buen feedback y está llegando a todo tipo de público, a todas las generaciones, desde los más pequeños a los más mayores. Estamos muy contentos todos porque está gustando mucho. Vemos a la gente disfrutar. Es una obra que por la dirección, la puesta en escena, el vestuario, tiene una forma muy elegante. Dentro de esa elegancia, se juega contrastando con la farsa, con lo grotesco de cada personaje. El director, sin perder esa elegancia consigue explotar el mayor provecho de cada actor, personaje, escena…Por ejemplo, hay un momento muy bonito en el que los dos amantes se cantan como en un aparte y el director dijo que él quería hacer un rap. Esto es la primera vez que se representa así y conserva esa elegancia que te digo. El público lo disfruta mucho. Ese momento es el que más disfruto.

¿Tienes alguna anécdota de los ensayos?

Tengo varias…(Risas). Bueno, yo llegué tan nerviosa al primer ensayo, justo después del casting, antes del Covid y todo.  Estaba tan emocionada que lo primero que hice fue acercarme al ayudante de dirección y al saludarle le di un beso en la cabeza. Se quedó con una cara…Luego, al director uno en la mejilla. Luego dije, a lo mejor no tendría que haber hecho esto, no les conozco de nada. (Risas). Algún día les preguntaré a ver qué pensaron de eso…Una chica que no conocían de nada, ¡que les da un beso en la cabeza! Ya después del beso al director dije: “hola a todos”. (Se ríe). Y al resto les saludé desde la distancia.

¿Cómo ha sido el subirse a un escenario después de tantos meses?

¿Tú qué crees? Increíble. Además, es que no es un escenario, es ese escenario. El Teatro de la Comedia, que es precioso, súper acogedor, bellísimo. Es una sensación impagable. El primer día que llegué tenía toda la piel de gallina cada dos por tres. Luego ya estás ahí y te acostumbras, pero el primer día era una cantidad de sensaciones, de emociones…Recuerdo ese día tan bonito. Yo estaba hipernerviosa, con ese teatro, con ese grupo, pisando ese escenario que han pisado tantísimos actores maravillosos. Mi maestra, mi profesora Charo Amador, estuvo ahí , yo la vi estando en primero. De pronto, estar yo ahí, me siento como un pececito en medio de un océano. Como actriz, después de tanto tiempo de parón por el confinamiento, llegas a sentirte oxidada. No es lo mismo que grabarte una escena que estar durante dos horas, sin parar, entregadísima, concentrada. El teatro es otra cosa. Ya lo necesitaba.

¿Estáis pagando ahora vosotros los PCR, no? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no os lo paga el ministerio?

Pues mira…Se acordó en junio que en los teatros se harían pruebas de anticuerpos pagadas por el Estado, una antes de los ensayos en la sala de ensayo, otra antes de empezar los ensayos en el teatro y otra antes de irte de gira. Nos parecía poca protección. Nosotros, en especial, somos un reparto amplio y no todos jovencitos, entonces era poner en riesgo tu vida. Es lo que dijo el director, Flotats, en la rueda de prensa. Somos la única profesión que tenemos que desprotegernos a nosotros mismos para poder trabajar. No estamos protegidos en ese sentido. No querían hacernos pruebas semanales, así que dimos un comunicado de que actuaríamos con mascarillas, porque antes que actuar yo prefiero estar viva. Era una mierda, pero no queda otra. Hablamos entre todo el elenco y llegamos a la conclusión de que nos pagaríamos nosotros las pruebas rápidas, las que dan el resultado a los quince minutos. Esas nos las vamos a hacer todas las semanas. Son de nuestro bolsillo, pero merece la pena. Al final, hemos conseguido que el teatro también nos haga la prueba de anticuerpos rápida, las del pinchazo en el dedo. El actor necesitaría pruebas diarias, pero como no se puede, pues pruebas semanales. Tendremos estas dos pruebas semanales y nos cuidaremos muchísimo en nuestro día a día, vida monacal hasta que acabemos la obra. Tenemos miedo, pero nos estamos cuidando, así que con la conciencia tranquila.   

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