Entre fantasmas y vermut

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El Palacio de Linares le roba protagonismo al Ayuntamiento de Madrid. La Cibeles cobra otro sentido desde sus ventanas. Además de albergar la Casa América, sus paredes guardan leyendas a la altura de esta semana de Halloween.

Su historia se remonta al siglo XIX. En 1894, los marqueses de Linares se mudaron a su palacio diseñado por el mismo marqués de Linares, José de Murga para su mujer, Raimunda de Osorio. Tres plantas y todo bien atado: colores pastel, tapices significativos o suelos de mosaicos. Las pinturas de los techos, de las paredes, los cuadros colgados son todos de artistas españoles muy reconocidos en la época que guardan metáforas acordes a la temática de la sala en la que se expone.

El Palacio, a la muerte de los marqueses, fue heredado por Raimundita, la ahijada de José de Murga. Como esa se casó con un conde, el Palacio de Linares se quedó deshabitado durante cerca de un siglo. Solo y desamparado enfrente de la Cibeles, dio pie a la creación de leyendas propias del siglo XX. La gente entraba y veía los tapices y los mosaicos, y la mirada se puso en un cuadro de la sala de baile en el que aparecían dos niñas pequeñas.

Cuenta la leyenda que los marqueses eran familia y pidieron una bula papal para poder casarse que no les permitía ejercer funciones matrimoniales. La marquesa quedó embarazada y lo llevó en secreto dada su ajetreada vida social. Al nacer, emparedaron a la niña en las paredes del segundo piso, pero mandaron retratarla en un cuadro.

Con el Palacio deshabitado y descuidado, era de esperar que los que pasaban por la calle Alcalá pensaran que había fantasmas. En los años 90 se descubrieron psicofonías que decían que los marqueses vagaban por las habitaciones atormentados por lo que hicieron. Otras leyendas cuentan que las voces son de Raimunda, la hija de los marqueses. Pero solo hace falta un tour por la Casa América para desmentirse de todas estas acusaciones.

En 1990, el Palacio de Linares se convirtió en Casa América, un consorcio para mantener y estrechar los lazos entre España e Iberoamérica que ocupa la tercera planta con sus despachos. Cada fin de semana, la institución realiza tours de una hora por el precio de 8 euros que recorren todas y cada una de las habitaciones.

Las mañanas del fin de semana no pueden acaban sin un vermut. Detrás del Palacio de Linares, la marquesa da nombre al restaurante que más de moda se ha puesto este año. Raimunda es restaurante y terraza. Esta última abarca el patio del palacio y la casa de muñecas de los marqueses, donde del 17 de octubre al 7 de noviembre, de 12:00 a 16:00 los visitantes toman el vermut con aperitivo amenizados por música en directo y las vistas del Palacio por solo 12€.

La actual Casa América que viste la glorieta de la Independencia con su arte romántico es un edificio con tanta historia que es capaz de ofrecer una mañana entera de sábado o domingo emocionante, un lugar donde tomarse un vermut entre fantasmas.

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