¿Por qué cambias la hora?

En la madrugada del sábado al domingo, a las 3.00h serán las 2.00h. Da comienzo el horario de invierno otra vez, aunque esta quizá sea la última. España y otros tantos países de la Unión Europea están acostumbrados a este horario bianual en el que el último domingo de marzo todos los relojes se adelantan una hora y el último domingo de octubre, se retrasan una hora. La teoría que justifica esta modificación se basa en que, al mover las manecillas, se ahorra energía, porque las casas despiertan con luz natural y esto evita el consumo eléctrico.

Sin embargo, la Comisión Europea realizó un informe en el año 2018 en el que concluía que en realidad ese ahorro de energía es ínfimo. Esto abrió un debate que desembocó en una propuesta por parte de la Comisión para que cada país tomara la decisión de elegir un horario que quedaría como definitivo. El asunto debía haber estado cerrado en marzo de 2019, pero la indecisión de muchos países ha alargado el plazo de discusión hasta marzo de 2021.

¿De dónde viene todo esto?

En el siglo XVIII, el político, científico e inventor estadounidense Benjamin Franklin se despertó a las seis de la mañana y al mirar por la ventana observó que había luz suficiente como para no encender ninguna lámpara, que eran de aceite por aquel entonces. Pensó que se desaprovechaban demasiadas horas de luz y que ello llevaba a encender las lámparas demasiado pronto por la tarde, con el consiguiente gasto que esto comportaba. Entonces cayó en la cuenta de que no solo sería más productivo, sino que además el consumo de aceite sería menor y favorecería también a la actividad social de la población, que terminaría su jornada laboral con luz natural. Así, en 1784, Franklin propuso el primer cambio de hora. Su propuesta no se tuvo en cuenta, pero sirvió para crear un caldo de cultivo donde se desarrollaría la idea.

Casi dos siglos después, en 1916, Estados Unidos se encontraba sumido en la Primera Guerra Mundial y al darse cuenta de las carencias que eso estaba conllevando para la economía de la sociedad, la idea del ahorro comenzó a resonar en la cabeza de los gobernantes con más importancia que nunca. El cambio se hizo efectivo y dos años después lo convirtieron en una ley federal para aquellos estados que quisieran participar en la modificación. La ley se unificó para el país entero durante la Segunda Guerra Mundial.

En España, el primer cambio de hora se hizo también alrededor de 1916, pero no supuso nada permanente ni se reguló de ninguna manera, por lo que la modificación del horario de verano o de invierno dependía del momento y la necesidad. Así, se trataba de un capricho a merced de la decisión del gobernante de turno.

Sin embargo, en 1973 comenzó la Crisis del petróleo. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) decidió no suministrar a todos los países que hubieran apoyado a Israel en la guerra del Yom Kipur, lo que afectaba directamente a Estados Unidos y Europa Occidental. Los precios se encarecieron y una crisis asoló el continente. De nuevo, apareció una necesidad imperante de ahorro. Fue ahí cuando España estableció el cambio de hora oficial y se observó un ahorro notable.

Pero ahora, ¿cuánto se ahorra?

Desde que la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo publicó un informe en el que no encontraba ahorro energético, el debate comenzó y se puso como fecha límite marzo de 2019. Se trataba de conseguir decidir qué horario sería el definitivo en el caso de que la costumbre del cambio de hora desapareciese por completo. La inexistencia de ahorro se debe mayoritariamente a una “diferencia sustancial tecnológica”. Esto es, las necesidades han cambiado, la forma de consumir también, pero, sobre todo, han sido los elementos eléctricos los que han experimentado una metamorfosis de mayor impacto. Las bombillas de tungsteno, las que más gasto energético producían, se han quedado anticuadas y completamente sustituidas por las bombillas LED. Este nuevo tipo amortiza el gasto de solo cuatro horas de una bombilla de tungsteno en aproximadamente seis meses. Por tanto, no es que el cambio de hora no muestre un ahorro, es que las LED consiguen ahorrar prácticamente todo lo posible.

La Comisión Europea realizó una encuesta pública en la que el 93% de los españoles votaron a favor de la abolición del horario bianual. El Ejecutivo español creó un comité de expertos para tratar de llegar a un “consenso amplio” y actualmente se encuentran estudiándolo. La indecisión de España es un patrón que se ha repetido en varios países, por eso la fecha límite se ha prorrogado hasta marzo de 2021.

Las cifras del informe europeo dejan claro que el ahorro no existe y que tampoco se percibe un cambio en el consumo eléctrico por parte de los clientes. Entonces, ¿por qué dudan los expertos? Ellos alegan que el cambio no afecta solo de forma económica. También produce un impacto social y cultural, ya que la elección de un horario u otro podría modificar las costumbres de la población. Por tanto, la posición de España reside en la duda.

Entre Greenwich y Berlín

El volver o no al huso horario que nos corresponde es un debate paralelo con el que también han tenido que lidiar los expertos.

Si se tiene en cuenta que desde que amanece en Baleares hasta que lo hace en Galicia transcurren aproximadamente 50 minutos, se hace más fácil comprender que hubo un momento en la historia de España en la que la hora dependía de la región en la que uno se encontrara. De hecho, durante la Guerra Civil la hora del bando republicano era distinta a la del bando sublevado. Así, cuando terminó el conflicto, con la dictadura franquista instaurada, se determinó que la hora oficial de España seguiría el meridiano de Berlín, es decir, la hora de Europa Central, con la que encontraban más intereses políticos y económicos. De manera que se unificó el horario, aunque las islas Canarias quedaron bajo el meridiano de Greenwich.

Después de 80 años y aprovechando la revisión sobre el cambio de horas, los expertos fueron cuestionados acerca de si volver o no al huso horario que corresponde a España. La respuesta es no, porque “la población española ha desarrollado una adecuación a ese horario y no hay suficientes razones para modificarlo”.

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