Sufragio femenino: cómo y cuándo

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Jueves 5 de junio de 1913. A cinco días de que se apruebe el voto femenino en la Cámara de los Comunes británica, cientos de personas acuden al hipódromo Epsom Downs sin ser conscientes de que van a presenciar algo histórico. Entre el público hay un grupo de mujeres dispuestas a dar un toque de atención a todos los allí presentes. Entre ellas, se encuentra Emily W. Davison, de 40 años, quien salta a la pista y es pisoteada por varios caballos. Davison moriría, pero marcó el antes y el después de las sufragistas. Sin embargo, ¿Quiénes eran?, ¿qué hicieron?

Funeral de Emily W Davison en el que las sufragistas acudieron de blanco. Fuente: pinterest.

La lucha comenzó hace casi 200 años, en 1832. Mary Smith le presentó al parlamento una queja: si ellas pagaban los mismos impuestos y acataban las mismas leyes, debían tener el derecho también de participar en su creación. La respuesta fue rápida a la par que simple: el diputado Frederick Trench explicó que eso era inviable, pues requeriría de muchas noches deliberando y no era buena idea que hombres y mujeres estuvieran encerrados tantas horas.

En plena Revolución Industrial, la sociedad experimentaba cambios cada vez más rápido. Así, en apenas treinta años, el movimiento de las sufragistas había crecido, no solo en integrantes, sino en formación.

En 1869, se aprobó en Wyoming (Estados Unidos) el sufragio femenino: cincuenta años antes de que se instaurara en toda la nación. Mientras tanto, a las ciudadanas británicas se les permitía estar en las mesas electorales (aunque no podían votar aún). En la isla de Man, encontramos otro precedente del sufragio femenino universal. El territorio, bajo el dominio de Gran Bretaña, permitió en 1881, que viudas y solteras pudieran votar.

Unión Nacional Sociedades por el Sufragio Femenino (NUWSS)

Cada vez eran más las mujeres que se unían a la causa y los hombres que las aceptaban. Así, se unieron varias organizaciones sufragistas en una: la Unión Nacional de Sociedades por el Sufragio Femenino (NUWSS en inglés), presidida por Millicent Fawcett.

Los discursos en la calle eran vistos como algo vulgar y violento para aquellas personas ajenas a la causa.

Su objetivo principal era llamar la atención de políticos y ganar seguidores, por lo que con frecuencia salían a las calles a manifestarse. No obstante, muchos tachaban esto de vulgar, e incluso les gritaban comentarios sexuales constantemente.

Otra de las principales trabas a las que se enfrentaron fueron las divisiones internas. Emmeline Pankhurst fundó en 1903 la Unión Sociopolítica de Mujeres (WSPU), con el objetivo de trabajar como un ejército y, a través de obedecer sus órdenes, alcanzar antes el poder. En apenas una década perdió cientos de miembros, hasta el punto en que en 1914 contaban con 5000 militantes, frente a las más de 50000 de la NUWSS.

Sufragistas con las prendas de la cárcel. Fuente: suffragistmemorial.org

Miles de sufragistas eran detenidas en sus manifestaciones y pronto comenzó una tendencia: las huelgas de hambre. Marion Wallace Dunlop, de la WSPU, fue la primera en hacerlo y la liberaron a las 91 horas. No obstante, el resto no tuvo tanta suerte: el Parlamento aplicaba la alimentación forzosa por un tubo a aquellas que se negasen.

Finalmente, consiguieron sus frutos en febrero de 1918. Lograron convencer al Parlamento, tras una intensa labor política, de su papel clave en el desarrollo de la economía y la sociedad británica durante la Primera Guerra Mundial, pues miles de hombres se vieron obligados a abandonar el país. Así, las mujeres mayores de 30 años comenzaron a votar. La victoria definitiva en este campo llegaría en 1928, cuando se rebajó la edad a los 21, la misma que para el sufragio masculino.

Sufragio Femenino en España

Clara Campoamor en la jornada del 1 de octubre de 1931. Fuente: El Español

Menos de un siglo, en concreto, 89 años. Ese es el total de tiempo que las mujeres han podido votar en España. Sin embargo, ¿Cómo comenzó todo?

A diferencia de Gran Bretaña y otros países europeos, en España no se permitió el sufragio femenino hasta el 1 de octubre de 1931 y no se pudo acudir a las urnas hasta 1933. No obstante, sí que se permitía la presencia de diputadas en el Congreso y así consiguió adentrarse Clara Campoamor.

“¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres?

Clara Campoamor

Madrileña de nacimiento, Campoamor era una abogada integrante del Partido Radical y fundadora de la Unión Republicana Femenina. En 1931 fue elegida diputada al declararse la Segunda República y su labor se enfocó en un claro objetivo: lograr condiciones de igualdad para la mujer, entre ellas, el voto.

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