Nagorno-Karabaj, el enclave que ha hecho estallar una nueva guerra en el Cáucaso

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ALEJANDRA GARCÍA NAVIA / PILAR MARTÍNEZ MORENO

El enfrentamiento entre los países de Armenia y Azerbaiyán se describe como uno de los más antiguos de la historia. La razón del conflicto es tan sencilla que se puede resumir con una sola palabra: Nagorno- Karabaj, un territorio en zona azerí reconocido a nivel internacional como parte de Azerbaiyán, pero habitado en su mayoría por población armenia (que en el año 1991 proclama su independencia del país azerí bajo el nombre de República de Artsakh). La zona de Nagorno-Karabaj no está en la frontera entre ambos, sino que está rodeado de territorios azerbaiyanos, lo que ha causado más de un conflicto hasta la fecha, sobre todo por parte de Armenia, que quería crear una frontera real con el Nagorno-Karabaj mediante la toma de los territorios que lo rodeaban. Llegó a vaciar los territorios y los repobló con colonos armenios fomentando la actividad agrícola.

Lo cierto es que las disputas entre ambos países por el control de estos territorios fronterizos se remontan hasta antes de la creación de la Unión Soviética y solo cesarán durante el periodo en el que ambas potencias pasan a formar parte del territorio soviético. La región, antes habitada por una mayoría musulmana y azerí, se pobló de armenios y formó parte de este país durante unos años, pero fue Stalin quien restituyó la zona como parte de Azerbaiyán por los fuertes lazos económicos, étnicos e históricos.  Sin embargo, en 1988 se inició una guerra entre estos países por controlar la región separatista de Nagorno – Karabaj, que se extendió hasta 1994, fecha en el que se proclama el alto el fuego.

Los años posteriores a 1994 vinieron acompañados de un clima de aparente calma, ya que el acuerdo del final de la guerra llegó acompañado de la creación del Grupo de Minsk de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa), una entidad internacional, formada por Estados Unidos, Rusia y Francia, que aspiró —y aspira— a generar un marco de negociaciones para resolver el conflicto entre ambos países. A pesar de todo, los intentos resultaron en vano y armenios y azerbaiyanos fueron incapaces de resolver sus diferencias. En 2007 firmaron los Principios de Madrid, y Armenia prometió devolver los territorios conquistados y garantizar la paz.

Ejército azerí | Instagram: @turanin.bozkurtlari

El camino a la guerra

Los Principios de Madrid caducaron en 2016, cuando David Tonoyan, ministro de Defensa armenio, partidario e impulsor de una política de defensa férrea, cambió la política de defensiva de la nación. La estrategia pasó de ser “defensa de trinchera” a “disuasión activa”, que consistía en penetrar en territorio enemigo y atacar con misiles. En ese mismo año, estalló una guerra que solo duró cuatro días pero que se cobró la vida de 300 personas. La política se reavivó cuando, en 2018, subió al poder Nikol Pashinyan, que aumentó el presupuesto en armamento. A su vez, Azerbaiyán compró una gran cantidad de artillería y drones israelíes. Los dos países estaban preparados para la guerra.

Fueron numerosas las críticas hacia los intentos de negociación por parte de los gobiernos de los dos países enfrentados, especialmente de Azerbaiyán, cuyo presidente, Ilham Aliyev, llegó a afirmar en julio de 2020 que las reuniones en busca de la paz “carecían de sentido”. Estas declaraciones de Aliyev coincidieron con una serie de disputas que comenzaron a generarse entre las fuerzas armenias y azeríes en la región fronteriza de Tovuz, a 100 km del territorio de Nagorno – Karabaj. El punto álgido de los enfrentamientos, que se extendieron por toda la línea de contacto, se alcanzó el 14 de julio, cuando miles de personas se concentraron en la capital azerí de Bakú para reclamar una nueva guerra que les otorgara el control de la región de Nagorno – Karabaj. No fue hasta el 27 de septiembre cuando comenzaron los primeros bombardeos.

Estallido del conflicto: ¿Quién atacó a quién?

Ambos territorios se culpan mutuamente de haber iniciado el estallido bélico. Sin embargo, lo cierto es que se desconoce quién pudo ser el encargado de lanzar la primera bala. Existen indicios de que Azerbaiyán llevaba meses realizando preparativos para un conflicto próximo; lo cual no deja de lado la teoría de que Armenia, ahora con una postura defensiva, pudiera haber sido el bando detonante, como se reclama desde las tropas azeríes.

Soldados armenios | Instagram: @ester__zueva

Lo que no deja lugar a duda es la gravedad del enfrentamiento a los ojos de los líderes de ambos países, puesto que, solo cinco horas después del inicio del conflicto armado, el gobierno de Armenia declaró la ley marcial (ley de orden público que se establece en caso de guerra) y ordenó la movilización del ejército. Escasas horas después, su contrincante hizo lo propio. En la actualidad se habla ya de más de 200 muertos en tan solo unas semanas de enfrentamientos, en una situación en la que las tropas de Azerbaiyán mantienen la superioridad en el terreno aéreo, mientras que los contrincantes armenios dificultan su hegemonía por tierra.

Ayer, 4 de octubre, el Ministerio de Defensa de Azerbaiyán denunció el bombardeo de Ganja, una de las ciudades más pobladas del país. Por la tarde, fue el presidente, Ilham Aliyev, quien dio un comunicado en el que dijo que la “única condición” para que cese el fuego era que las fuerzas armadas armenias abandonaran los territorios de su nación. Añadió que el primer ministro, Pashinyan, debía reconocer que la región no es parte de Armenia y pedir disculpas.

@presidentaz

Aliyev, además, lo publicó en su cuenta de Twitter escasos minutos después de la intervención para exponer los territorios que habían sido “liberados”. “¡Viva el ejército de Azerbaiyán! ¡Karabaj es Azerbaiyán!”, posteó el mandatario.

La influencia internacional

El pasado jueves 1 de octubre, los países miembros de la OSCE, Francia, EEUU y Rusia pidieron el alto al fuego y el ministro de Exteriores armenio se comprometió, días después, a restablecer un régimen de alto el fuego, aunque, recalcó, cómo esta agresión contra Nagorno Karabaj “seguirá recibiendo nuestra firme y absoluta condena”.

Turquía ha dependido a lo largo de los años del gas ruso, pero en 2017 cambió de vendedor. Azerbaiyán suministra gas y petróleo a Turquía a través de un ferrocarril que recorre Georgia. Es por esta sencilla razón, por la que Turquía se posiciona del lado de Azerbaiyán y ambos temen la presencia de Armenia en la región de Tovuz. Tayyip Erdogan, presidente turco, ha aprovechado el conflicto para definir a Armenia como “el mayor obstáculo para la paz y la estabilidad en el Cáucaso” en su cuenta de Twitter.

@RTErdogan

“La nación turca apoya a sus hermanos azerbaiyanos con todos sus medios, como siempre”, termina diciendo el líder turco.

Rusia, por su parte, no reconoce la República de Artakh y, aunque se posiciona del lado de Armenia, no se implicará directamente en el conflicto a no ser que Azerbaiyán y Turquía traspasen algunas líneas rojas.

Estados Unidos, sin embargo, ha preferido el silencio. Donald Trump no opinó sobre el conflicto ante las preguntas de los periodistas aunque aseguró que intentará llegar a un acuerdo de paz con los países beligerantes.

La mirada del Sistema Internacional está puesta en Irán, país fronterizo con Azerbaiyán que podría implicarse dado el elevado número de azeríes residentes allí.

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