La protesta con banda sonora: Woodstock

Esto fue lo que escucharon y gritaron alrededor de 500.000 personas el día 16 de agosto de 1969 en Sullivan, condado de Nueva York.

“Give me an f”

F

“Give me a u”

U

 “Give me a c”

C

 “Give me a k”

K

“What´s that spell?”

“Fuck!”

Esas 500.000 personas eran en realidad los asistentes al Festival de Woodstock, que respondían a las arengas del cantante Country Joe McDonald, segundos antes de que arrancara con su reivindicador tema I feel like fixin to die rag. Se trata de una canción emblemática del momento álgido para la contracultura de los años 60, la forma de vida hippie que se había fraguado en los Estados Unidos y en algunos países de Europa, como Inglaterra. Miles de personas que se perdían en el horizonte entre flores, prendas de vestir holgadas y el olor a plantas mágicas se habían reunido para pasar tres días poniendo toda su atención a lo que aconteciera sobre ese escenario. “Paz y amor” es el lema que quedó para la posteridad, sin embargo, en el audio, se puede escuchar una cólera que canta al unísono, voces despiertas por un enfado.

HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO: LOS HIPPIES

            En efecto, los hippies nacieron de un enfado. En realidad, de la conjunción de varios enfados alrededor del mundo en un espacio de tiempo muy corto. Se trata del inicio de la década de los 60, la Segunda Guerra Mundial había finalizado hacía ya casi veinte años y Estados Unidos gozaba de una sociedad prácticamente recuperada desde el punto de vista económico. Era una sociedad que disfrutaba y en la que se hablaba de aquello conocido como “sueño americano”. Sin embargo, existía una zona en el amplio mapa estadounidense que vivía otra realidad. Se trata del sureste, el lugar en el que la esclavitud había recibido mayor apoyo en el pasado, y que un siglo después de la abolición de Lincoln, seguía viviendo bajo el lema de “separados pero iguales”. La segregación racial seguía siendo una realidad.

Tras el acontecimiento en 1955 en el que Rosa Parks se negó a ceder su asiento del autobús a un blanco (era obligatorio para los negros hacerlo), la comunidad negra se había despertado y reivindicaba sus derechos con más fuerza. Entonces, en 1963 apareció Martin Luther King con su histórico discurso de “I have a dream” e hizo visible la cantidad de personas que le acompañaban en la causa. La sociedad vio que se trataba de un asunto que también concernía a blancos y parte de la población se dejó ver apoyándoles. La mayor parte del apoyo blanco venía de jóvenes que luchaban a gran escala por la consecución de la paz mundial, el conocido movimiento pacifista.

            Por otro lado, en 1957, nació en Reino Unido la Campaña por el Desarme Nuclear (CDN), que abogaba por el desarme nuclear, como su propio nombre indica, y por la regulación de las armas a escala mundial a través de acuerdos. Se trataba de una organización con un vínculo muy íntimo al movimiento pacifista en Reino Unido, tanto es así que lo que hoy se conoce como símbolo de la paz, empezó siendo el logo del CDN, diseñado como una variante de la señal nuclear.

La CDN rediseñó el símbolo nuclear hasta convertirlo en el símbolo de la paz.

            Entre el combate a la segregación racial y al movimiento antinuclear, se fue formando un grupo compacto y organizado en Estados Unidos e Inglaterra que encontró la gota que colma el vaso en su protesta contra la entrada en 1964 de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. El movimiento pacifista estadounidense veía cómo su propio país ingresaba en una guerra en la que, según ellos, Estados Unidos no tenía nada que ver. De hecho, la canción de Country Joe Mcdonald hace una crítica directa que se recuerda como todo un himno con versos como:

“So put down your books and pick up a gun,
We’re gonna have a whole lotta fun.
And it’s one, two, three,
What are we fighting for?

Don´t ask me, I don´t give a damn
Next stop is Vietnam;

There’s plenty good money to be made
By supplying the Army with the tools of the trade,
Just hope and pray that if they drop the bomb, they drop it in the Viet Cong

            Y es aquí, en la música, donde este grupo pacifista encuentra el mejor reflejo de su protesta. Comienzan a nacer importantes grupos de rock n roll con canciones que expresan sus pensamientos y les dan voz, porque permiten que esta música llegue a muchas más personas. A esto se suma que la Guerra de Vietnam fue la primera guerra en la que se hizo cobertura periodística in situ. La población pudo ver a sus muertos y la guerra ya no era algo que solo veían con su imaginación, sino que podían hacerlo a través de sus propios ojos. Así, lo que en un principio era un grupo de personas molestas con la realidad de su tiempo, terminó por convertirse en la primera contracultura de la historia. Una contracultura con bando sonora, el rock n roll del Festival de Woodstock.  

Foto del Festival de Woodstock. Agosto de 1969.

            EL PRIMER FESTIVAL DE LA HISTORIA: WOODSTOCK

            En este caso, la cultura hippie, lo que ellos mismos llegaron a denominar como “un estado mental” se hizo patente a través de la música, en concreto del rock n roll. Con el álbum A hard days’ night de The Beatles se marca el inicio de una generación de rockeros inspirados en la filosofía hippie. Entonces fue cuando se pudo comprobar que estas protestas iban más allá de cualquier protesta común que había existido anteriormente. Se trataba ya de una contracultura. Esta oleada de jóvenes tenía su propia música, su propio arte y su propia forma de vida.

            Comenzaron a añadirse a los músicos ya emblemáticos del movimiento, como The Beatles, Bob Dylan, Janis Joplin, Jimi Hendrix o The Who, otros nuevos que acababan de abrir la puerta de la industria de la música. En estas circunstancias, los veinteañeros Michael Lang, Artie Kornfeld y Joel Rosenamn decidieron montar un estudio de grabación donde producir estos nuevos temas. Para ello, intentaron organizar lo que sería el primer festival de la historia en la aldea de Woodstock, pero los lugareños se opusieron, así que el granjero Max Yasgur ofreció su campo para hacerlo, finalmente en Sullivan (Nueva York). En un principio, el festival estaba pensado con un aforo de 60.000 personas, pero la granja de Yasgur terminó recibiendo a alrededor de 500.000 asistentes.

            Con una entrada de 18 dólares por disfrutar de 32 actuaciones desde el 15 al 18 de agosto de 1969, miles de furgonetas en fila se agolpaban a las puertas de la finca. Fueron tres días en los que los asistentes pudieron vivir el sueño de la filosofía hippie: vida en comunas, en un entorno de paz y música, donde solo importaba vivir el momento. Tanto se pudo reflejar el sello hippie en aquel festival que muchos afirmaban que ellos no eran de ningún país, que su patria era la Nación de Woodstock, haciendo referencia al estado mental en el que se encontraron durante esos tres días. Incluso, más tarde, se llegó a comparar con la llegada del hombre a la Luna, haciendo una analogía entre la Luna como puerta del Universo y Woodstock como entrada a una nueva forma de vivir.

Durante los tres días que duró el festival, llovió a cántaros. Al ser agosto, no esperaban más que algún chubasco sin importancia, por lo que no tenían infraestructuras preparadas, pero siguieron adelante con el festival. La finca del granjero Yasgur se empantanó y el suelo de tierra comenzó a convertirse en barro, pero lejos de desmotivarse, el público toreó las circunstancias y la lluvia fue una mera anécdota.

Con la invocación de un monje hindú, Swami Satchidananda, el festival dio comienzo. Entre las actuaciones, destacaron algunas como la de Melanie con la famosa canción de Bob Dylan Mr. Tambourine man, o la ya nombrada I feel like fixin to die rag de Country Joe McDonald. En total, hubo 32 actuaciones de músicos que saltaron a la historia después de pisar aquel escenario. Como por ejemplo, el caso de Carlos Santana que actuaba como telonero y alcanzó un gran éxito con su Soul Sacrifice. Durante la actuación, Santana, que iba bajo los efectos de la droga, sentía que su guitarra era una serpiente.

Soul Sacrifice de Carlos Santana en Woodstock 1969.

Otra actuación también muy destacada fue la de Jimi Hendrix con su interpretación a modo de protesta con la guitarra eléctrica del himno de Estados Unidos, que cerró el festival.

Cierre del festival de Woodstock de la mano de Jimi Hendrix.

Así fue como una generación transformó sus protestas en una forma de vida y pasó a la historia con el término, por primera vez acuñado, de contracultura. Además, fueron el primer paso de una costumbre que hoy en día es de lo más normal, los festivales de música.

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