Los secretos de la calle Libreros

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En la calle Libreros se han forjado leyendas propias de los libros que en los escaparates habitan. Aunque pueda conocerse por ser el hogar de la conocidísima pareja de Alaska y Mario, son los dragones los que la hicieron famosa en la Antigüedad. Además, en sus escritos ya se puede leer que ha sobrevivido a una pandemia más, la COVID-19.

La calle Libreros está en varias localidades, entre ellas Alcalá de Henares. Pero es la que habita en Madrid capital la que ha cambiado más de tres veces de nombre, una de ellas por culpa de los dragones. Desde las leyendas del siglo XVII hasta la actualidad, esta calle nunca ha vivido un septiembre tan sola como en 2020.

No hay comienzo de curso sin que la calle se llene de gente con sus libros usados debajo del brazo en busca de nuevos. Prácticamente todas las librerías son de compra-venta de libros de texto. Los estudiantes descargan sus mochilas de libros de años pasados para sacar algún dinero con el que comprarse para el nuevo curso. Además, son los propios estudiantes, y los padres de los que aún son menores, los que cargan sus maletas y bolsos con sus libros para venderlos a pie de calle a modo de manteros. La COVID-19 ha dejado la calle y las librerías vacías. “No se ve ni un alma” verbaliza uno de los libreros cabizbajo.

La que ahora se llama Libreros, comenzó llamándose calle del Pozo porque fue el lugar donde se recogía agua. En este momento fue cuando llegaron las leyendas que le hicieron cambiar de nombre por primera vez. Se cuenta por las calles de Madrid que en el pozo de la calle cercana a Gran Vía habitaban dos dragones. Una joven llamada Justa sedienta por las calles del Madrid sin asfalto decidió beber del agua del pozo y, al destapar la cubierta de extracción, la joven desapareció. La calle pasó a llamarse Justa hasta 1893, cuando volvió a cambiarse por Ceres.

No fue hasta 1930 cuando consiguió su nombre actual. Se lo otorgó el escritor Pío Baroja dado que a partir del siglo XIX comenzaron a abrirse librerías en la calle. Las librerías fueron las sucedáneas de la reventa de apuntes de los estudiantes de la primera universidad de la ciudad de Madrid, la Universidad Central, actual Universidad Complutense.

Este septiembre ha sido el más desolador para la calle. El salpicón de letras en el suelo que espera demasiado limpio al paso de los estudiantes. Pero, la calle Libreros puede añadir a su expediente que ha sobrevivido a la pandemia más actual. La librería Felipa, la Fortuna o la Casa de la Troya han visto cómo todos esos libros no han podido predecir el final de este verano que ha dejado el futuro de la calle más endeble que nunca.

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