Víctor Frankenstein nació de un sueño

Víctor Frankenstein es el conocido personaje que nació a principios del siglo XIX y cuyo nombre resuena aún en nuestro días. En el mundo audiovisual, se encuentra reflejado en una retahíla interminable de contenido de todo tipo, desde animación infantil a películas frívolas y terroríficas como la protagonizada por Robert De Niro bajo la dirección de Francis Ford Coppola. En el teatro, más de lo mismo. Víctor Frankenstein ha llamado la atención desde que apareció, pero, sin embargo, ¡qué poco se conoce acerca de su autora, Mary Shelley, y de las extrañas e interesantes circunstancias en las que concibió a este personaje! Se podría resumir en un grupo peculiar de amigos que se encontraron sin nada que hacer una noche en sus vacaciones en Ginebra. Parece una situación de una cotidianeidad aburrida. Sin embargo, si se añade que esos amigos fueron el antecedente de los conocidos como Poetas Malditos, que se reunieron en Ginebra bajo su obsesión común por el esoterismo y que ese año, unas por aquel entonces inexplicables, circunstancias meteorológicas no permitieron el verano en el hemisferio norte, la situación cambia. El nacimiento de Víctor Frankenstein está rodeado, tanto en la ficción como en la realidad, por una neblina de intrigas escalofriantes.

De izquierda a derecha, Claire Clairmont, Percy B. Shelley, Mary Shelley, Lord Byron y John William Polidori.

Mary Shelley y el mundo que concibió a Frankenstein

En el siglo XIX, en Inglaterra, acababa de arrancar el Romanticismo, una corriente literaria emprendida por artistas de una sensibilidad arrolladora, con una manera profunda y crítica de mirar el mundo, un gusto extremo por lo exótico y una defensa inquebrantable de una manera de vida liberal, muy contraria a la que predominaba en la Inglaterra de aquel entonces. En estas circunstancias, nació Mary Wollstonecraft Godwin, también conocida como Mary Shelley. Mary Shelley era una muchacha que creció entre libros y debates, ya que su madre, aunque murió dándola a luz, era una reconocida filósofa; y su padre, un político y escritor de renombre. Ambos de corte liberal, habían hecho que sus pensamientos calaran en la educación de Mary, que adquirió de sus padres el gusto por la escritura y la actitud reivindicativa.

A sus dieciséis años, conoció al poeta Percy B. Shelley, un joven cuyo evidente talento comenzaba a ser reconocido. Ambos se enamoraron perdidamente y escaparon a Francia ante el escándalo de la mirada pública que rechazaba su unión fuera del matrimonio. Mary Shelley se llevó con ella a su hermanastra, hija de la mujer de su padre, Claire Clairmont. Así, los tres comenzaron a vivir juntos en un pequeño cuarto que pagaban con el dinero de los textos de Percy B. Shelley. Disfrutaban de la ciencia y, por aquel entonces, el doctor Luigi Galvani ofrecía exposiciones de sus avances en los ahora conocidos como experimentos Galvánicos. Mary Shelley resultó fascinada ante el descubrimiento de que pequeñas descargas eléctricas provocaran reacciones en músculos ya muertos haciéndolos parecer vivos. Así que, los tres fugitivos se declararon seguidores acérrimos de Galvani. En una de sus exposiciones, se encontraron con el prestigioso poeta Lord Byron, viejo amigo de Percy B. Shelley. Lord Byron, que despertaba miradas allá por donde pasaba debido a su excentricidad, consiguió que Claire, la hermanastra de Mary, se enamorara de él casi al instante.

Los meses pasaron y la amistad y unión de ambas parejas comenzó a fortalecerse. Mary Shelley se quedó embarazada. La pareja esperaba al bebé con ilusión, pero a los pocos meses de nacer, la niña falleció. Esto sumió a Mary en una terrible tristeza y Lord Byron, adinerado gracias a la inesperada herencia de su tío abuelo, pensó que podría alegrarle con la invitación a pasar unos días de verano en su villa en Ginebra. La histórica Villa Diodati que, de hecho, hoy en día se puede visitar.

El sueño que hizo historia

Era el verano de 1816, en realidad, verano por la costumbre de llamar de esa manera a esa época del año, porque las condiciones meteorológicas más que verano, invitaban a llamar a aquello invierno. Todo el hemisferio norte se vio devastado por fuertes temporales, lluvias y ventiscas que hicieron fracasar los cultivos. Algunos países se cubrieron de un manto blanco y para otros, como Italia, la nieve fue de color rosado. Hoy en día, se conoce que estas extrañas circunstancias fueron consecuencia de la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, pero, en aquel momento, ante la ignorancia de su origen, parece comprensible el pensamiento de que aquello fuese cosa de brujería.

Aún así, Lord Byron y sus cuatro huéspedes, los Shelley, Claire y el Doctor Polidori, aceptaron su invitación y se desplazaron a la Villa Diodati. Todos estaban interesados en el mundo oscuro del esoterismo y disfrutaban de los debates eternos sobre la ciencia y su vínculo moral con la sociedad. Entre sus temas de discusión, estaba de forma marcada el interés que a todos les sugería el filósofo y científico Erasmus Darwin, que se vinculaba con mucha cercanía a los experimentos del doctor Galvani, tan admirado por todos ellos. Así que, Byron, en una de las noches en las que se sentaban a leer historias alemanas de terror, propuso que cada uno se fuera a una sala de aquella inmensa villa y se dedicaran a escribir una obra que inspirara miedo, para después juzgar cuál de las cinco era la mejor. Entre rayos y truenos y el sonido de las gotas de agua contra los cristales, los cuatro amigos pasaron la noche con la pluma entre las manos. Cuatro, porque Mary Shelley decidió dormir, sin embargo, tuvo un sueño que no la dejó hacerlo. Su subconsciente entremezcló las conversaciones constantes que sostenían en el grupo de amigos sobre las investigaciones científicas con su inspiración. Así lo cuenta ella misma:

Vi, con los ojos cerrados, pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo.

Mary Shelley

A la mañana siguiente, John William Polidori tenía ya concluida la famosa obra que hoy se estudia como el comienzo de la literatura gótica: El Vampiro. Por su parte, Mary Shelley, tras haberse despertado de su sueño, escribió gran parte de la ahora histórica obra Frankenstein o el Moderno Prometeo. Se trata de una impresión de la mezcla entre los sentimientos que derivaban de la pérdida de su hija, la curiosidad que le despertó el doctor Galvani con sus experimentos y, sin duda, las circunstancias esotéricas en las que convivían los cinco compañeros.

Borrador de Frankenstein o el Moderno Prometeo.

Pasaron varios años en los que Mary Shelley continuó perfeccionando su obra hasta que la concluyó. Luchó por poder publicarla bajo su nombre, pero las editoriales, al ver que la obra se firmaba bajo nombre femenino, solo le permitían hacerlo condicionada por el anonimato. Finalmente, accedió y en 1823, la obra vio la luz, aunque de forma anónima, y con un prólogo escrito por Percy B. Shelley. Mary, que se vio obligada a ocultar su genio por las circunstancias sociales de su época, fue capaz de dar nombre a una de las principales figuras de la ciencia ficción que ha llegado hasta el día de hoy.

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